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11/11

  • Foto del escritor: Kassandra Hernández Yanes
    Kassandra Hernández Yanes
  • 12 nov 2023
  • 2 min de lectura

Todo empezó un 11 del 11. Un portal energético del cual era consiente y del cual tenía muchas ganas de experimentar. Era un 11 del 11, pero esa semana yo había caído enferma como nunca antes. La fiebre y los problemas para respirar me drenaban.

Ese día trabajaba por la mañana, y aunque me tomé un paracetamol para aliviar la fiebre, no había nada que me aliviase. Así que decidí no tomar nada y pasar por el proceso que mi cuerpo y alma necesitase. Me acosté al medio día, nada más llegar a casa. Y entonces soñé. Soñé cosas locas y raras. Cosas que no me hacían referencia a nada que hubiese visto antes. Soñé muchos sueños vívidos, los cuales recuerdo, y sobre todo el último de ellos.

En este sueño, así de mala como yo estaba, me llamaba una mujer a la que amo con locura y me decía que había decidido usar una maqueta mía para ampliar una más grande que había construido ella. Había un problema con los derechos de autor, sin embargo, y me necesitaban en la tienda, así que malísima (sí, igual de mala que estaba también en sueños) me fui a la tienda y me encontré con ella. Ahí estaba una maqueta de un edificio precioso, hecho de cartón piedra, con un montón de detalles. Los colores brillaban como nunca antes había visto. Era increíble. Ahí está la tuya- me dijo señalando con el dedo a la cuarta planta del edificio.

Jamás había visto cosa más fea. No estaba pintada, algunas de las casas no tenían paredes. Estaba sin terminar seguro. Yo jamás habría puesto algo así. Me preguntaba si ella estaría segura de incluirla, si sabría lo que estaba haciendo, pero la miraba a ella y solo veía amor en su mirada observando la enorme maqueta. Y ese amor se expandió y me llenó. Yo abracé la maqueta viendo el acto de amor tan grande que se había hecho conmigo, sintiendo como alguien había sido capaz de amar mis partes más vulnerables.

Al final le dejé que se quedase con la autoría total de la obra y yo me quedé con ese gesto


de amor puro que tanto me había enseñado. Entonces ella me abrazó con fuerza, me besó la frente y me dijo: “Y ahora, señorita, a ponerte con tu segundo libro.”


Así que aquí estoy. Esa mujer siempre ha sido como una guía espiritual para mí, y en este caso creo firmemente qué mis guías la usaron para darme ese mensaje en una fecha tan señalada.


Este libro va dedicado a todos mis guías y a sus miradas de amor sincero.



 
 
 

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