Hay lugares que te llaman antes de conocerte
- Kassandra Hernández Yanes
- 3 abr
- 2 min de lectura

Me acuerdo cuando saqué esta foto, paseaba cruzando el puente de Brooklyn con mi familia. Era un sueño hecho realidad, no por el viaje en sí, que también, sino porque mi corazón rebosaba de amor por esa tierra que pisaba. Un amor tan profundo que no podía explicar ni entender cómo se puede llamar hogar a una tierra que no se conoce, a un lugar extraño, porque ¿Cuánto se puede amar un país? ¿Cuánto se puede amar a la patria?
¿Cuánto a una bandera? Probablemente hasta el último aliento, puede, que no haya otra forma de vivir, que no sea morir por algo que ni siquiera es nuestro.
Pero mi corazón sabía lo que yo, en aquel momento ignoraba.
El amor a la patria no tiene que ver ni con banderas ni con religiones, el ser humano no fue creado en un mundo con fronteras. Si no fuese por los estados, viajaríamos libremente por el planeta y habitaríamos el lugar que nos llama desde el alma.
Podría cerrar los ojos e imaginar cómo el ser humano se permite habitar el lugar exacto del planeta en el que siente que debería estar, para crecer, para ser en plenitud. Y se me curvan los labios en una sonrisa con tanto amor que desbordaría.
Pero hay líneas, fronteras las llaman, líneas imaginarias que nos dan la sensación de pertenencia en aquel lugar donde nacemos. Nosotros y las líneas imaginarias... como los muros que construimos en nuestro corazón para protegernos.
Así que sí, puedes amar una patria en la que no naciste, en la que no viviste, porque tu alma que no conoce de fronteras te llevará a rastras si hace falta hasta donde debe ser habitada.



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