Una orilla que sostenga mis pasos
- Kassandra Hernández Yanes
- 25 feb
- 1 min de lectura
Pisar tierra firme siempre ha supuesto un consuelo para las almas cansadas. Siempre se ha buscado al final del camino, una tierra que nos haga pertenecer.
En mi caso, no busco una tierra prometida, no busco echar raices ni pensar en el mañana. No necesito que sea fértil, ni que sea la tierra soñada. No necesito una roca que asiente mis cimientos.
Yo solo busco una orilla. Una orilla suave que me permita sentir el mar sin ahogarme entre sus aguas. Una orilla tierna que me permita caminar mientras la arena se me cuela entre los dedos de los pies. Que me de la alegria de saltar con cada ola sin pensar que en la siguiente igual ya nos saldré a flote.
Una orilla es un comienzo, un lugar de descanso, es la alegría del marinero que lleva meses a la deriva. Una orilla es suficiente, solo una orilla. Igual se pueda hacer vida en la orilla, alimentada por la sal del oceano y la calidez de sus aguas. Igual si que pueda hacer hogar en la calma, en el juego, en la esperaza. Sin vagar por el desierto, ni tener que conquitar nada. Tal vez todo lo que quiero es todo lo que necesito.
Una orilla que sostenga mis pasos y un mar, que por fin, me de calma.



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